En escena

Pierrot Lunaire

Coreografía de Fernando Romero sobre la obra de Schönberg

La importancia de Pierrot Lunaire radica, entre otros muchos motivos, en el hecho de servir de punto fronterizo, en marcar de forma clara una «fractura en la historia del arte musical». Schoenberg, solitario por vocación, comprometido tan sólo consigo mismo, huye de aquello que le impide ser quien es.

En esta versión intérprete e interpretación responden a este principio de autenticidad, como si el civilizado orden actual no hubiera podido dominarlos, como si en cierta manera ser un «acorde disonante» fuese más viejo y sustancial que la «tonalidad» impuesta por el mercado.

Y en constante búsqueda, para no quedarse fijado en las formas establecidas, Fernando Romero con la fisicidad de su danza sirve de vehículo narrativo marcado por la peculiar racionalidad surrealista del contenido de los poemas y la ruptura del lenguaje musical.

El movimiento cobra vida con la vitalidad y expresividad de la obra y a la inversa, dando sentido a los impulsos, emociones intensas o desvanecidas, voces quebrantadas, imágenes desgarradas, sueños y cicatrices de todo ese aparato musical expresivo.