La edad de oro

Antes que al futuro, hay quienes piensan que para encontrar la utopía hay que mirar más bien al pasado. A esos orígenes gloriosos se refieren muchos artistas que, soñadores y nostálgicos de tiempos mejores, parten en busca del paraíso perdido, de la Edad de Oro: según el mito de la Antigüedad, sería aquella primera fase de la Historia de la humanidad en que el hombre vivía en un estado de gracia original, ajeno a todo problema, en una existencia libre y feliz.

Convertida después en metáfora de la virtud humana y de la sociedad ideal, ilustra el potencial de aquellos artistas que han demostrado ser más fuertes que las restricciones políticas, capaces de una obra atemporal, trascendente, símbolo de pureza y de ideales universales, creada en contacto directo con la naturaleza o en la intimidad del taller: se trata de obras que reflejan la vitalidad del gesto y del color y que subliman estados de meditación, de añoranza de épocas pasadas.

Sin embargo, dado el carácter cíclico del tiempo, que vuelve periódicamente sobre sí mismo, esta nostalgia de la edad de oro se desvela, en realidad, como un anuncio de su retorno: una etapa que está aún por llegar, donde, como en una Torre de Babel, todos los pueblos vivirán en paz y armonía.