Imaginar el futuro

La ciudad de mañana, hecha por los arquitectos de hoy, crece sobre lo que hemos heredado de ayer. Partiendo de la idea de que la arquitectura no debería imponerse a la realidad sino adaptarse a ella, la producción contemporánea trabaja de una manera no invasiva, basada en criterios de sostenibilidad y de respeto al medio ambiente.

La tecnología de hoy le permite, por una parte, insertar las nuevas intervenciones en la ciudad de manera reversible y, por otra, pensar la ciudad como una materia, en sí misma, en estado reversible.

En lugar de lanzarse a una producción desenfrenada y consumista, tal como hace la especulación inmobiliaria, el acento se pone en la producción de un pensamiento crítico y de una interacción con la naturaleza, que vuelve a ser parte de la vida cotidiana del hombre.

Las intervenciones sobre el espacio de vida se convierten en acciones colaborativas, donde el ciudadano toma un papel activo junto con el arquitecto, aportando su experiencia como usuario, implicándose en su desarrollo y tejiendo una red de relaciones sociales con los miembros de la comunidad. Construir un espacio donde las personas puedan pensar juntas, esa es la nueva utopía de la arquitectura.