Juntos

La unión hace la fuerza. Conscientes de que, en la adversidad, la cooperación y la alianza de voluntades siempre fortalece, los artistas han reflexionado sobre el poder que la colectividad ejerce sobre el sistema.

Tras el periodo en que los individuos, despojados de su singularidad, desaparecían aplastados por la masa en favor de un ente superior, en las décadas de 1960 y 1970 surgió un sentimiento corporativo, confiado en su poder de emancipación individual y social, que reivindicó los derechos y libertades del sujeto frente a un Estado absoluto y todopoderoso.

Este espíritu de comunidad, junto con la convicción de que los lazos de afecto, solidaridad y fraternidad podían crear un espacio común y hacer sostenible la sociedad, inspiró tanto a corrientes de la contracultura -como el Mayo del 68- como a movimientos de unificación nacionalista o al nacimiento de grandes ONG y otras organizaciones capaces de llevar a cabo una resistencia unificada, revelando que otras formas de hacer política eran posibles, y que todo gesto de la vida privada era susceptible de incidir directamente en la vida pública.