EL CENTRE POMPIDOU MÁLAGA PRESENTA LA EXPOSICIÓN 'BRANCUSI'
La muestra se puede visitar hasta el próximo 24 de junio

De origen rumano, parisino de adopción y nacionalizado francés al final de su vida, Constantin Brancusi (1876, Hobita – 1957, París) destaca como uno de los artistas más singulares de su generación.

A pesar de trabajar solo, sin asistente, el artista no se encuentra aislado de los creadores de su época: cuando se muda a París en 1907, se hace íntimo amigo de personalidades de la talla de Erik Satie, Marcel Duchamp, Tristan Tzara o del fotógrafo Edward Steichen, además de frecuentar, de manera regular, a las bailarinas contemporáneas Lizica Codrano o Florence Meyer.

Sensible a las artes no occidentales, así como a las artes tradicionales rumanas, el artista ha ido combinando, sin cesar, algunas de estas referencias con la expresión más moderna de la escultura.

La obra completa de Brancusi, repleta de estas confluencias, sorprende por su aparente simplicidad, y es ahí donde reside el misterio, el genio y la modernidad de este artista artesano.

Ya en 1914, Brancusi dice no estar satisfecho con las reproducciones fotográficas de sus obras, por lo que decide ser él mismo quien tome sus propias fotografías. En los años 20, Man Ray lo ayuda a instalar una cámara fotográfica en su taller y a perfeccionar sus métodos de revelado, iniciándolo también en la técnica de la filmación. Cámara en mano, Brancusi siempre ha jugado con las luces y sombras que emergen al impactar la luz en las superficies de sus obras.

Moviéndose alrededor de las esculturas, graba todos sus ángulos, para inmortalizar los “grupos móviles”, esas efímeras configuraciones de esculturas y pedestales en el taller. De cada negativo, Brancusi realiza al menos dos revelados –a veces hasta una veintena-, con diferentes tamaños o encuadres. Muchas de sus fotografías en realidad son fotogramas que obtiene a partir de la película expuesta.