EL SURREALISMO

Siguiendo al dadaísmo, los surrealistas, liderados por André Breton, se organizan en 1919 para lanzar nuevas definiciones de arte que abrazan la transgresión, el automatismo, los sueños y la extrañeza. Toman prestadas de los militantes revolucionarios sus estrategias para contrarrestar la cultura burguesa, añadiendo así folletos, revistas y manifestaciones a sus polémicas exposiciones. La cohesión del movimiento se fragmenta en grupos unidos por sus prácticas estéticas o sus luchas políticas. Por la rue Blomet, en el barrio parisino de Montparnasse, donde Miró y Masson tenían un taller en 1923, pasarán escritores como Michel Leiris, Antonin Artaud o Paul Éluard. En 1929, Salvador Dalí y Luis Buñuel, autores de Un chien andalou, se adhieren al surrealismo, confirmando así su anclaje en el pensamiento psicoanalítico. En 1930, la proyección de su segunda película, L’Âge d’or, financiada por Charles y Marie-Laure de Noailles, provoca manifestaciones hostiles y hasta la prohibición de la película. La guerra civil española, los procesos de Moscú y las atrocidades nazis continuarán movilizando a los surrealistas, marcando así el alcance político del movimiento.