LA GENERACIÓN DE LA POSGUERRA

A partir de la década de 1960, las barreras sociales y culturales que separaban a España del resto de Europa comienzan a diluirse y el país se reconcilia con la modernidad tras la caída del régimen franquista en 1975. En los últimos años de su carrera, Miró libera su gesto, haciéndose eco de Jackson Pollock y de los expresionistas abstractos. Eduardo Arroyo, instalado en París desde 1958, donde respalda al grupo de la figuración narrativa, encarna el espíritu de la década de 1960: combate militante, desarraigo y una lectura crítica y humorística de la historia del arte. Tras la caída del franquismo, vuelve a vivir en su España natal. Los artistas que surgen en los años 1970 y 1980 se alejan de las preocupaciones formales de las vanguardias anteriores. Miquel Barceló, Juan Muñoz, José María Sicilia, Cristina Iglesias o Juan Uslé forman la primera generación de artistas españoles fuera de la órbita de París. La tensión entre figuración y abstracción, el interés por los elementos orgánicos, la importancia del trazo, del ciclo de la vida y de la muerte, la experiencia física del espectador o incluso la relación con el espacio caracterizan su trabajo.